Digamos que los sentimientos son pura energía y como tal, ni se crean ni se destruyen, sino que se transforman. Mi energía, que hace 6 meses se hallaba en pleno apogeo, se fue debilitando para pasar de un sucio amor a una resignación simple e irrisoria que me mantenía en pie y con un tímido apice de felicidad, pero justo cuando crees estar a salvo de todo es cuando el golpe te pilla por sorpresa. Y ahí, ahí fue cuando llegaste tu. Mi ánimo, manifestado en resignación por complejo de inseguridad, encontró en tí la clave para conseguir dibujarme una sonrisa especial, una que nadie me había sacado nunca... no voy a ponerle etiqueta, me basta con saber que tu la creaste.
El ser humano puso medidas temporales; segundos, minutos, horas, días, semanas, meses... Siguiendo esas directrices hace 4 meses de la toma de contacto, del primer beso, incluso de la primera sonrisa. Sin embargo, yo prefiero medir el tiempo que estuve a tu lado en 900,827 periodica podrída veces que me hiciste sonreir, en 21 lágimas de tristeza y desesperación por tí, en las infinitas veces que quiero besarte, en la incalculable cifra que expresaría con números lo que tu eres para mí, lo que tu eres sin aditivos.
Y así fue, como todo ello hizo que mi empuje mudara de piel, cambiando la resignación primero por cariño, y más tarde y poco a poco por algo que solo puedo definir diciendo que te quiero y que aquí estoy, esperándote.
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